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¿Adivina qué es esto, general?
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- No.
- Es su rancho.
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¿Mi rancho?
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Es una vieja costumbre,
premiar a los generales victoriosos. . .
:56:20
. . .y nadie se lo merece
tanto como usted.
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Yo no luché por un rancho.
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Creo que no me ha comprendido.
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Le he comprendido perfectamente.
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Las tierras por las que luché
no eran para mí solo.
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- Pero. . .
- ¿Qué va a hacer con esas tierras?
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General, nos ocuparemos de ellas.
Créame. A su debido tiempo.
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Tiene que ocuparse ahora.
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- General, siéntese.
- No estoy cansado.
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En un gobierno constitucional
hay un modo de hacer las cosas.
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Este ruido, esta confusión.
No puedo pensar. ¡Fuera, fuera!
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Deme. Lo firmaré ahora.
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- Siguen esperando, señor.
- Que se esperen. lré para allá.
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Ahora vuelvo. ¡Que no entre nadie más!
Y que se vayan esos obreros.
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Meten demasiado ruido.
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Ese mono vestido de negro
habla como Díaz.
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No, tiene razón. Ya no hay guerra.
Lleva tiempo. Hay que cumplir la ley.
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Leyes. Las leyes no gobiernan,
Sino los hombres.
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Los mismos que gobernaban antes
están en esa sala. Gozan de confianza.
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- Hay que echarlos.
- Y recuperar las tierras.
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- Y si Madero no lo hace. . .
- ¿Qué?
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Será un enemigo nuestro.
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Eres su emisario,
un oficial amigo suyo.
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No soy amigo de nada ni de nadie,
salvo de la lógica.
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La paz es muy difícil.
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Mano, ¿qué opinas?