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enganchada a una grúa silenciosa.
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Repetimos muchas veces
el movimiento.
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En cuanto tuve la toma que quería,
hice surgir la cámara B
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que estaba al otro lado de la cama
sobre una plataforma rodante
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oculta en posición baja
al otro lado.
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Acto seguido, aseguré
el contracampo en plano largo.
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Luego, coloqué la cámara A
en la segunda posición
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para la escena del beso,
que se rodó en directo.
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Pero nada más salir Philippine
del cuarto, el tigre abrió los ojos,
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sobresaltado por
el chirrido de la puerta.
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Patrick Pittavino,
mi adiestrador de perros,
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estaba agobiado
por el chucho negro que escogí.
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Decía que era una raza imposible
de amaestrar. Y tenía razón.
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Necesitamos tres perros para rodar:
Uno que sabía correr,
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otro que sabía ladrar y un tercero
que mostraba los colmillos.
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Vuelta al estudio con Vincent
Scarito que hace del Gran Zerbino
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y Noza Kouadra,
que interpreta a su esposa.
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Es una de las escenas que más
me conmovió durante el rodaje.
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De nuevo, tuvimos que esperar
a que el cachorro se durmiese.
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Y repetimos el método
usado por la mañana,
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la panza bien llena
y las nanas de Monique.
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Al tigre le encantaban las dulces
melodías de la isla de Guadalupe.
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Pero en esta escena en concreto,
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cuando creíamos que se había dormido
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de repente, saltó como un resorte.
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Hubo que esperar varias horas
a que se durmiese profundamente.
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Cuando finalmente cayó
en un profundo sueño,
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acercamos a su vecino,
el viejo tigre.
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Sólo hubo que ayudar
a pasar la cola bajo la reja
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y de eso se ocupó
Thierry Le Portier.
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Luego, eso que vemos,
es lo que ocurrió durante el rodaje.
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Fue como previmos en el guión
y en el storyboard, pero mejor.